miércoles, abril 09, 2014

EN MEDIO



Recuerdo hace 10 años cuando me alejaba de casa producto de mi separación y posterior divorcio los ojos tristes, el dolor y la soledad que mis cosas causaba en aquella casa que habíamos vivido por más de una década en mis 5 hijos, ellos quedaban literalmente “en medio” de una batalla campal y desgastante, éstos 5 seres tenían que lidiar con la diferencia de los adultos que llevaban sus diferencias a otros niveles… nadie ganó y todos perdimos algo de nosotros mismos, a medida fue pasando el tiempo y volvimos a reunirnos la vida cambió y las circunstancias también, yo volví a casarme y mis hijos encontraron un nuevo hogar y de forma efímera encontramos nuevamente la alegría de una nueva oportunidad, ahí nació mi hija menor sumándose a los 5 primeros siendo 6 personitas que debía de alguna forma educar y ayudar a encontrar sus rumbos, por cosas del destino otra separación se avistó y ésta vez fue diferente tuve que aprender a lidiar con la única hija que no vive conmigo, lidiar el dolor que su ausencia me causa y la tremenda tristeza de tenerla sólo por un par de días cuando disfrutábamos todos los días juntos.

Mi conexión con mis hijos siempre ha sido diferente, quise darles ese padre que lastimosamente no tuve; alguien que no solamente diera dinero sino que se interesara por sus vidas, quise llenar las carencias que como hijo tuve, por eso siempre me ha sido tan importante ser el mejor padre posible y a pesar de mis defectos y carencias luchar por ser esa figura que toda persona desea tener como padre.

Cuando una relación llega al final los que emocionalmente se afectan más profundamente son los hijos e hijas que deben quedar en medio de una guerra, de las cenizas de una familia, de los recuerdos paradójicos de tiempos felices ahora convertidos en mala sangre, por ello hago éste artículo, me parece injusto olvidar que nuestros hijos e hijas quedan en medio de todo y muchas veces los adultos al extremo de la pugna olvidan que ese dolor les va a quedar de por vida, las secuelas serán por el resto de sus existencias, y que todos y todas deberán llevar esa carga que en lugar de aligerarla se acrecienta en heridas profundas para todos los involucrados.

Creo que hay tomar un tiempo y pensar en aquellos que más sufren, que más sienten la ausencia y el dolor y los hijos e hijas son quienes lastimosamente se llevan ese peso, los adultos debemos de hacer a un lado las diferencias y pensar que ceder aunque el orgullo y la prepotencia se mezclen en un momento determinado, ofrecer lo mejor de nosotros para honrar lo bueno y las cosas que nos enseñaron a crecer como personas, los que atravesamos más de una vez este penoso camino sabemos lo difícil que se hace para los hijos e hijas inocentes de todo esto asumir la distancia y la indiferencia de personas que en un momento fueron esposos y esposas, convertidos en antagonistas y sumidos en actitudes hirientes éstas personitas observan la peor versión de sus padres que olvidan que ellos y ellas sufren en medio de una guerra cruel y devastadora, por ello mi mensaje es sencillo: olvídate de la guerra y las diferencias ,asumiendo una actitud conciliadora por el bien emocional de los hijos e hijas, ábrete a la paz aunque no te guste y quieras convertir todo en un campo de batalla, piensa que tus hijos e hijas no se merecen la miseria post matrimonial o emocional que rigen las separaciones y divorcios, piensa que tus hijos e hijas son los únicos inocentes en medio de tanta diatriba y conflictos, si debes de darle un gane emocional o si la otra parte quiere sentirse vencedora ofrécele tú mismo(a) la victoria si ceder no te cuesta nada en términos de dignidad o salud mental, piensa que la paz es el mejor escenario para cualquier relación post matrimonial, aprende a ofrecer amor incondicional por esa persona que ahora en adelante será tu ex que siempre tendrá el vínculo de los hijos e hijas y la mejor manera es evitar cualquier escenario conflictivo haciendo que las diferencias sean tratadas sin violencia ni faltándose el respeto, ofrece tu mejor cara no por ti, sino por los hijos e hijas que te lo agradecerán en el resto de sus vidas, perdona y vuelve desde cero, lo pasado ya pasó ahora tienen un futuro que afrontar todos y todas, hay una vida que vivir sea como sea, olvídate de las diferencias y piensa en lo que aún les une y los hace tener intereses compartidos y aprende a reinventar tu vida a partir de esa idea.

Ama sin límites incluso a aquellas personas que piensas que han sido injustas contigo, y deséales lo mejor aunque sientas que no se lo merecen, no te arrepientas sino al contrario agradece que gracias a ellos y ellas ahora eres quien eres y creciste como persona, permite amar sin condiciones y de la misma manera serás amado retributivamente.

A MIS HIJOS E HIJAS: SALVADOR, ADA, MARIA, RODOLFO, EZEQUIEL Y ROSA.
MI MÁS PROFUNDO AMOR INFINITO… LOS AMO.
SU PADRE.

SALVADOR EZEQUIEL MENDEZ
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